y con un gesto desinteresado abraza toda emoción -en aquel movimiento verosímil alcanza lo que busca; no lo dice- y se sienta en el sillón. no pretende, no intenta sobornar el alma de nadie, ni mucho menos pactar con una sonrisa para conseguir lo irremediablemente deseado. solamente se sienta en el sillón, se sienta y mira las infinitas formas que hay en el aire, las maneras de conjugar su nombre... y todo es tan infinito que pareciera que el cuerpo fuera incansablemente inmortal... pero no, no y no: eso es lo que te hace sentir el amor, un pellejo inmortal. un ser atemporal que se revuelca en el espacio sin limites.
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