20 de septiembre de 2014





Hecho sus raíces a la tierra, se sintió segura de su hogar, de las hojas que la cubrían. Confío en su cuerpo de luna silvestre y dejo asomarse de él vida. Una hoja broto de su pierna. 

La mujer árbol





El equinoccio se avecina y el ruido de las flores luchando por parir se escucha en la noche estrellada. 
Achina los ojos, sopla sus manos eliminando los fantasmas que habitan en la memoria. Reza cerrando los ojos y sopla un polvo rosa que saca de su bolsito de cuero. Las plumas danzan en ese baile circular de su cabeza. Sus ojos marrones brillantes son vida y me aferro. Adentrarme, disolver con mi propio fuego.


Procura que todo lo que digas salga de tu corazón.





17 de septiembre de 2014

Las runas rodaron por el mantel de mi tátara abuela. Era la era de acuario y hacía un calor que hacía parir a los insectos y quitaba el sueño a los animales. Mi tátara abuela, la bella de pelos blancos, me enseñó a ver las estrellas, curar, la sabiduría de las plantas y el agua. Me enseño que el agua se lleva las penas y limpia al mundo. Siempre rodeada de su medicina y sus amores. Y así sabia ella como curar los dolores del alma, con su agüita mágica, sus dotes de maga y esa mirada que contenía al universo. Mágica como pocos seres en este mundo, un día me canto las canciones de la tierra, me conto que todo está vivo y que hay que respetar y amar todo lo que aquí vive. Me dijo que si prestaba la suficiente atención lo invisible dejaría de serlo e iba a encontrar formas de comunicarme con lo que me rodeaba. Me explicaba que todos los seres tienen su misión. Le pregunte cual era la suya y riendo me dijo: curar. Hoy extraño sus manos arrugadas y sus melodías de antaño, con tus pies ligeros y los pelos al viento, esa energía de puro movimiento.
BASTA PARA MI, BASTA PARA TODOS!