19 de diciembre de 2014


La búsqueda se extiende como llama.
Las plumas del águila acarician las yemas de mis dedos. Froto mis manos y con ellas formo un cuenco para recibir al humito. Reverencio y agradezco. Cierro los ojos. Respiro llevando el aire a mi entrecejo y dejo que el humito me enseñe, lo dejo leerme, sanarme, recorrerme.


 y la conexión es profunda: mis ojos son sus ojos. 

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BASTA PARA MI, BASTA PARA TODOS!