La búsqueda se extiende como llama.
Las plumas del águila acarician las yemas de mis dedos.
Froto mis manos y con ellas formo un cuenco para recibir al humito. Reverencio
y agradezco. Cierro los ojos. Respiro llevando el aire a mi entrecejo y dejo
que el humito me enseñe, lo dejo leerme, sanarme, recorrerme.
y la conexión es
profunda: mis ojos son sus ojos.
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