Y de a poco fueron llegando a la
fiesta, al círculo sagrado de fuego. Iban entrando de a uno por el Este,
pasando entre las piedras colocadas una encima de otra, indicando el fin del
tiempo y espacio conocido y el comienzo de
la atemporalidad, donde todo es presente y no se distingue el abajo del arriba. En el círculo
todos somos uno para la reconexión con la fuente. Todos representamos las infinitas caras que
fuimos y seremos, es por eso la importancia del círculo. Es por eso que es
sagrado y sana. El cielo se va llenando de estrellas y la llama empieza a
cobrar fuerza, la gente empieza a reconocerse en su esencia primitiva, se pinta
de barro y saca todo aquello que esta demás. Y los hermanos del viento
jugaban a danzar, ayudaban a dar movimiento para generar el salto. Los hermanos
de la lluvia palmeaban y salpicaban, soplaban pretendiendo ser luz y rugido
grave. Los hermanos del fuego, que hasta ese momento, estaban sentados
observando a los demás, empezaron a moverse, poniendo sus manos en los
corazones de los presentes, encendiendo la llama que hay en todos Luego, llego el turno
de los hermanos de la tierra, que en esencia, son contenedores, y caminando a
su paso, cada uno fue a abrazar y dar cobijo a quien lo necesitara. La luna
llena bendijo cada emoción y el espíritu rezo al ritmo de los sanadores del
alma.
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