Con los ojos cerrados vas tocando las plantas, danzando
entre las hierbas, oliendo, hablando en
voz baja, manteniendo charlas con cada ser sagrado, espejándote en esa
medicina del corazón. Agradeces a la vida y seguís camino manteniendo una
conexión con lo invisible del universo. Reverenciando, arrodillándote y
probando la tierra, llevándote el rastro de la sabiduría a la frente. Inclinándote
hacia lo desconocido, confiando en tu lugar, teniendo la certeza de que todo es
lo que es. Cantas para ser camino. Puente entre la razón y la herida. Cantas tu rezo hecho canto de águila, tambor de luna y sabiduría de venadito. Y es en tu voz que llego a reconocer la
importancia de tu corazón, tu compromiso con la vida. Honrar tu camino. En tu
rezo de anciana, de mujer cíclica, tu voz agradece retirarse a la cueva, la
profundidad del silencio, la medicina del corazón. Te escucho agradecerte y
aceptarte y siento como extendes tu rezo, como una invitación a los demás a
aceptarse y perdonarse. A espejarnos. Dibujas un círculo con todas las hojas que fuiste
encontrando y las convertiste en luz. Sabías que esas hojas eran del fuego. El
fuego sana, disuelve, abre y transforma. Sonreís, la luz en tu mirada, el canto
del universo y la tierra que late.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario