2 de febrero de 2016




Con los ojos cerrados vas tocando las plantas, danzando entre las hierbas,  oliendo, hablando en voz baja, manteniendo charlas con cada ser sagrado, espejándote en esa medicina del corazón. Agradeces a la vida y seguís camino manteniendo una conexión con lo invisible del universo. Reverenciando, arrodillándote y probando la tierra, llevándote el rastro de la sabiduría a la frente. Inclinándote hacia lo desconocido, confiando en tu lugar, teniendo la certeza de que todo es lo que es. Cantas para ser camino. Puente entre la razón y la herida. Cantas tu rezo hecho canto de águila, tambor de luna y sabiduría de venadito. Y es en tu voz que llego a reconocer la importancia de tu corazón, tu compromiso con la vida. Honrar tu camino. En tu rezo de anciana, de mujer cíclica, tu voz agradece retirarse a la cueva, la profundidad del silencio, la medicina del corazón. Te escucho agradecerte y aceptarte y siento como extendes tu rezo, como una invitación a los demás a aceptarse y perdonarse. A espejarnos. Dibujas  un círculo con todas las hojas que fuiste encontrando y las convertiste en luz. Sabías que esas hojas eran del fuego. El fuego sana, disuelve, abre y transforma. Sonreís, la luz en tu mirada, el canto del universo y la tierra que late.





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BASTA PARA MI, BASTA PARA TODOS!