30 de agosto de 2014

Desaprender



Y la anciana de la tribu me entrego un ramillete de hojas y hierbas mientras me lanzaba el humito en mi cara. Su voz pronunciaba palabras, cánticos salvajes, cantos de la tierra que no han sido olvidados. Soplaba el humito en mi cuerpo mientras mascaba y reía. No te olvides de alimentar tu espíritu, tampoco tu cuerpo. Sus ojos brillaban. Ojos con luz. La tierra húmeda en mis pies. El cansancio de mi cuerpo. Desandar camino, habitarme. Cierro los ojos. La anciana me hace girar mientras da golpecitos entre mis omóplatos. Llegar a la herida, sostenerla. El sudor cae por mi frente, la fiebre se apoltrona entre mis músculos. Me siento caer. Soy niña jugando. Soy niña imaginándose huérfana. Soy vacío y huésped del silencio. Soy peso en mis hombros y miedo a amar. Soy sonrisa de fuego y veloz para esconderme. Soy tregua. Soy sentimiento y defensa. Soy llanto. Soy la que pelea y defiende lo justo. Soy fuerza y fragilidad. Soy pluma que se eleva, soy paz y tranquilidad. Volver a mi herida, mimarme. 




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BASTA PARA MI, BASTA PARA TODOS!