Desaprender
Y la anciana
de la tribu me entrego un ramillete de hojas y hierbas mientras me lanzaba el
humito en mi cara. Su voz pronunciaba palabras, cánticos salvajes, cantos de la
tierra que no han sido olvidados. Soplaba el humito en mi cuerpo mientras
mascaba y reía. No te olvides de alimentar tu espíritu, tampoco tu cuerpo. Sus
ojos brillaban. Ojos con luz. La tierra húmeda en mis pies. El cansancio de mi
cuerpo. Desandar camino, habitarme. Cierro los ojos. La anciana me hace girar
mientras da golpecitos entre mis omóplatos. Llegar a la herida, sostenerla. El
sudor cae por mi frente, la fiebre se apoltrona entre mis músculos. Me siento
caer. Soy niña jugando. Soy niña imaginándose huérfana. Soy vacío y huésped del
silencio. Soy peso en mis hombros y miedo a amar. Soy sonrisa de fuego y veloz
para esconderme. Soy tregua. Soy sentimiento y defensa. Soy llanto. Soy la que
pelea y defiende lo justo. Soy fuerza y fragilidad. Soy pluma que se eleva, soy
paz y tranquilidad. Volver a mi herida, mimarme.
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