El equinoccio se avecina y el ruido de las flores luchando por parir se escucha en la noche estrellada.
Achina los ojos, sopla sus manos eliminando los fantasmas
que habitan en la memoria. Reza cerrando los ojos y sopla un polvo rosa que
saca de su bolsito de cuero. Las plumas danzan en ese baile circular de su cabeza.
Sus ojos marrones brillantes son vida y me aferro. Adentrarme, disolver con mi
propio fuego. Procura que todo lo que digas salga de tu corazón.
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